MARÍA LUISA HERNÁNDEZ
Tierra y agua / Pintura
Esta muestra marca el regreso a Chile de María Luisa Hernández, artista formada en la Universidad de Chile bajo la guía de Adolfo Couve y fuertemente influenciada por William Turner durante su residencia en Londres. La síntesis entre el ascetismo formal del maestro chileno y la luminosidad expresiva del pintor británico se entrelaza en su obra, que literalmente navega entre dos mundos.
Tras más de dos décadas de trayectoria internacional, Hernández vuelve con esta exposición que reúne trabajos realizados en los últimos cinco años, inspirados en paisajes de Chile y el Reino Unido. Costas, cerros, ríos y ciudades se despliegan en formatos que van desde miniaturas en acuarela hasta óleos de gran tamaño. No busca representar, sino evocar: manipula el color, la forma y la materia guiada por la emoción, en un ejercicio donde los modelos reales son sólo el punto de partida.
Muchas de sus obras han sido creadas in situ, como una forma de registrar no sólo lo visible, sino también lo que se siente en presencia del paisaje. A través de capas superpuestas de color, manchas libres y composiciones deliberadamente imprecisas, la artista propone una visión sensorial, donde lo pictórico se convierte en su propia proyección del alma.
“Esta muestra marca el regreso de una artista de gran sensibilidad y oficio, que pone en valor el paisaje como un género vigente. El trabajo de María Luisa Hernández ofrece nuevas posibilidades expresivas en el arte actual”, señala Martín Vial, Director Ejecutivo de la Corporación Cultural de Las Condes.
La exposición revela a una artista que ha construido una obra coherente y libre, ajena a modas o tendencias. Lejos del afán descriptivo, sus composiciones se estructuran en capas, manchas, luces y veladuras, en las que lo real se disuelve y emerge una atmósfera suspendida entre lo tangible y lo simbólico. En algunas de sus obras se aprecia el tránsito entre lo externo y lo interno, donde el blanco adquiere una dimensión ambigua y se convierte en materia y luz.
Como lo establece César Gabler, comunicador del arte, artista visual y docente “la pintura de Hernández oscila entre lo sagrado y lo neutro, entre la plenitud espiritual y la nada silenciosa, constituyéndose como un símbolo abierto cuya fuerza expresiva reside precisamente en su ambigüedad.”










